mario's profileEl Callejón Literario- S...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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El Callejón Literario- SENNODOLVISITEN MI NUEVA CASA!!!!!!!! January 29 Cambio de hogarbueno pues sí, ya me cambio de casa. Me voy de estos lugares para quedarme por completo en los blogs. Esto porque este espacio me ha presentado varios problemas técnicos, además de ser muy lento el acceso.
La dirección es http://callejon-literario.blogspot.com, que es el otro Callejon Literario. Arriba está la ventanita con el link, por si aquí no funciona.
Dejaré abierto este, para quien quiera leer viejos escritos míos.
Pues me despido de aquí, y espero verlos allá.
Saludos!!!
<<< Mario >>>
PD. y allá hay una cajita mágica para dejar recaditos, muy útil. January 23 Esteriotipos...Hoy me sucedió algo muy curioso. Por la mañana, cerca de las 10:30, iba con un amigo hacia presidencia municipal para entregar unos papeles y solicitar mi precartilla militar. Bueno, pues resulta ser que sólo dan 100 fichas por día, así que nos jodimos y tuvimos que retirarnos del lugar. Nos dijeron que llegáramos alrededor de las 6 de la mañana (QUÉ HUEVA!!!!). Y eso es lo que haremos mañana.
Pero eso no es lo curioso que me sucedió. Ya cuando íbamos hacia la parada del autobus, pasamos al lado de unos soldados que estaban reclutando jóvenes para el ejército. Yo creo que ellos me vieron prieto, chaparro y feo; porque cuando pasamos junto a ellos, me preguntaron si quería unirme al ejército ( o más bien pensaron: ¿Por qué este güey no está enlistado si está igualito a nosotros?). No gracias, les contesté. Y a mi amigo ni le preguntaron. Claro, un chavo que parece gringo: muy alto, güero, y un poquito pasado de peso jeje. ¡Qué curioso!
Pienso que ya la gente tiene esos esteriotipos, no sólo en lo que respecta al ejército, sino en otras muchas cosas más. Por ejemplo (otra situación que me sucedió a mi y a mi FAMILIA un día) la Familia. Lo típico es que sea papá, mamá, hijo y/o hija. Y si falta alguno de estos elementos, ya no se le puede considerar una familia.
Hace ya algún tiempo a mi mamá le hicieron una encuesta (no me acuerdo de qué) y al responderla participó en un concurso. A pues resulta que ganó un premio (que era un coche o una casa, no me acuerdo bien). Emocionada, cuando le hablaron por teléfono para avisarle que había ganado y que fuera a tal lugar para que le dieran una clave y así y asá para que le dieran el premio. Entonces vino lo curioso: el joven que estaba al otro lado del teléfono le preguntó a mi mamá cuantos miembros de la FAMILIA éramos. Así que respondió que cuatro: madre, hijo y dos hijas.
-Ijole, perdone usted, señora- le dijo a mi mamá-. Esque el premio sólo se le puede entregar a una familia completa.
-¿Y cómo es eso?- preguntó mi mamá.
-Bueno, pues que sea el padre, la madre, y dos hijos como máximo. La empresa **** sólo reconoce como familias a las que tengan estos integrantes.
Gran sorpresa se llevó el joven, cuando mi mamá le recordó a su madre y la saludó cariñosamente. Le dijo muchísimas cosas, y gritando. Se enojó tanto. ¡Cielos! ¡Sólo una vez la he visto tan enojada, y fue cuando le rompí un florero muy caro, cuando era niño! El joven, disculpándose por las normas de la empresa **** y que así le decían que debían ser los ganadores.
Malditos esteriotipos.
De todos modos, ¿por qué Dios me hizo prieto, chaparro y feo?
Saludos, y buena mitad de semana tengan.
<<< Mario >>> January 16 VV
Debo decir que me he sentido mucho mejor estos tres días, desde nuestra última sesión. No sé porqué, pero me siento mucho mejor. Mis dolores de cabeza se han ido, y una serenidad ha invadido mi ser. No lo sé. Puede ser un efecto de poder deshacerme del recuerdo inmundo. Mientras más le relato a usted, más me libero de una carga temible. Más me libero del Demonio. Como hoy me siento muy bien, no voy a entrar a detalles con lo que sigue. Quiero ir afuera, jugar algo de baloncesto o incluso escribir alguna historia. Quiero estar en paz. Después de habernos asentado en nuestro sitio secreto, me pareció escuchar que alguien entraba a él. Y así fue. Una familia de cinco miembros (madre, tres hijas y un perro Golden Retriever) irrumpió a nuestro lugar casi sagrado. Iban cargados con sillas plegables, una mesita, varios recipientes que contenían comida y una hielera roja. Verá, doctor, mis hijitos tenían doce y quince años de edad, respectivamente. A pesar de su edad, yo los seguía viendo como unos niños de ocho años. Pero había veces que se comportaban como uno de ocho, no como de la edad que tenían. Y bueno, las tres jovencitas (que eran rubias y delgadas y muy bonitas) que llegaron con su madre (que era muy guapa) tenían doce, trece y catorce años de edad. ¿Se imagina? ¡Qué curiosidad! Mis hijos interrumpieron su juego cuando las vieron. La señora se acercó a mí y me saludó. Me preguntó si podrían quedarse en ese lugar, pues se veía tranquilo y deseaban acampar esa noche ahí. Además, me dijo, podríamos compartir nuestra comida. No me negué, y mi esposa tampoco. Y claro está que mis hijos no se iban a negar. Así que ellos les ayudaron a poner su pequeño picnic y les ayudaron a poner una pequeña tienda para dormir. Mientras realizaban todo eso, yo me di cuenta que las jovencitas se sentían atraídas por mis hijos. ¡Cielos, me sentía orgulloso! ¿Por qué? Porque ellos se comportaron muy bien, y se atrevieron a jugar con ellas. Bueno, lo digo esto porque siempre habían sido unos cobardes con las muchachas. Y jugaban también con el Golden. Se llamaban… ah sí, la madre se llamaba Beatriz, y las tres hijas, de la más chica a la más grande, eran Abigail, Alicia y Andrea. El día transcurrió muy bien. Yo escribí poco y mi esposa también. Comimos algo junto con las cuatro acompañantes y platicamos largo rato. Llegamos a conocerlas y ellas a nosotros. De hecho, la hija menor conocía los escritos de mi esposa. Se sentía abrumada por haberla conocido en persona. ¡Qué cosas! De pronto, mis hijos y las tres jovencitas se levantaron y dijeron que iban a jugar a un pequeño arroyo que está cerca de ahí. Nosotros los padres no pusimos pero alguno, así que se fueron y se perdieron de vista. Nosotros seguimos charlando de la ciudad, los impuestos, la vida, los coches, la moda… muchas cosas más. No supimos cuanto tiempo se habían ausentado nuestros hijos, hasta que una de las jovencitas gritó. Fue Alicia, que corría hacia donde nosotros estábamos, con las manos ensangrentadas. Reaccionamos y corrimos hacia donde ella estaba, y nos gritaba: —¡Ayúdenlos! Llegamos al mencionado arroyo, que llevaba mucha agua. Ahí estaba mi hijo mayor, con el pecho abierto y la sangre brotándole como una fuente. Tratamos de atenderlo, pero no se dejaba. Beatriz, que nos dijo que era médico, lo ayudó. No sabemos cómo fue que lo hizo, pero detuvo la hemorragia y pudo evitar que mi hijo muriera. Y aún así el Demonio la mató. La violó y la mató, poco después. Eso, lo contaré otro día, doctor, hoy quiero descansar. January 03 IVIV
Veamos… ¡Ah, sí! Bueno ese fue el último accidente de la civilización que, cuando menos, presencié. Tardamos unos cuantos minutos en pasar el Cerro del Muerto. ¡Espere! Ya recuerdo otro. Sí, recuerdo cuando había subido ahí con mi padre hacía tantos años… Oh, está bien. No más recuerdos de ese estilo.
Pasando pues la cadena de cerros nos encontramos con un paraje muy peculiar: una muralla de árboles, y muy adentro estaba nuestro lugar secreto. Ah, pero después de cruzar aquel muro de árboles, me quedé atónito al ver lo que sucedía. Yo iba solo, porque iba a adelantarme para ver si era factible que pudiéramos quedarnos ahí. Había llovido bastante, así que quería ver si el lugar estaba algo seco como para que nos quedáramos. Pero lo que vi fue algo inquietante: Había varios sujetos vestidos con túnicas moradas y largas, encapuchados, y algo hacían al terreno. Estaban en círculo, en torno a un pedazo del terreno que parecía moverse. Parecía un vórtice de arenas movedizas, así es. Y cuando notaron mi presencia, huyeron del lugar. No tuve oportunidad de ver hacia dónde huyeron.
Cuando registré el pedazo del terreno que parecía el vórtice de arenas movedizas, lo encontré como un simple pedazo de tierra. Duro. Liso. Firme. Normal. Entonces pensé que había sido algún tipo de alucinación, producida por el medicamento. Usted sabe que a veces el abuso de ciertos medicamentos puede tener repercusiones. Jeje, pienso que esa fue la causa de haber visto tal hecho.
Seguimos con nuestro día de campo común y corriente, en el que mi esposa y yo nos sentamos en silencio para escribir o imaginar. Más que nada imaginar. Imaginamos a veces que estamos en un campo vasto y verde, arriba un cielo azul sin nubes, un sol radiante, pájaros cantando, un árbol frondoso y grande, y un niño con el cuello roto que se cayó del árbol. ¡Sí señor! Ese paraje es el ideal para comenzar a imaginar todo lo referente con nuestras carreras de escritores. Con ese paraje me inspiré para escribir mi famoso cuento, Fragancia Número 5: Sangre*… ¿Lo conoce? Entonces sabe de lo que hablo.
Mis hijos dijeron que irían, como de costumbre, a recorrer el lugar. Usualmente dejaban cosas escondidas para que la próxima vez que fuésemos pudieran jugar con ellas. A veces dejaban grandes troncos en los que se sentaban para comer, o también algunas gruesas ramas que utilizaban como báculos y espadas… A mis niños les encantaba las historias de Fantasía. Lástima que no es un tema en el que diría que soy bueno. He intentado pero no lo he logrado.
Verá, doctor, para entonces yo ya me había olvidado por completo de todo lo que había pasado en nuestro recorrido para llegar al paraje. Y también me había olvidado de lo que había visto antes de que llegara mi familia: lo de los hombres encapuchados, y todo eso. No sé porqué lo habré olvidado, pero ahora no me lo puedo quitar de la mente. No lo puedo hacer porque… ¿por qué? ¡Demonios! ¡Lo olvidé!
Y hablando de demonios, doctor, tuve que ceder ante el mismísimo Demonio para poder relatarle lo siguiente... sino, estaría muerto.
…
Está bien, otro día será. Pero le diré algo: ese demonio es real. Mírelo: soy yo. Le diré algo más, rápido: el Demonio me lo dijo todo. ¿Sabe? Fue el Demonio el que hizo todo. El Demonio. Fue él. Yo no hice nada.
*NOTA: El cuento es verídico y pronto será publicado. December 20 NOTICIASHOLA QUERIDOS LECTORES DEL "Callejón Literario", TENGO UN PAR DE NOTICIAS QUE NOTIFICAR. LA PRIMERA ES QUE LA EDITORIAL SHAMRA LANZÓ UNA CONVOCATORIA PARA PRESENTAR TEXTOS PARA LA SEGUNDA ANTOLOGÌA. Y SU SERVIDOR, MARIO GÀMEZ ROSALES, QUEDÒ ENTRE LOS GANADORES Y SERÈ PUBLICADO EN LA ANTOLOGÌA. ESPERENLA A PRINCIPIOS DEL AÑO ENTRANTE JEJEJE
SEGUNDA: BUENO PUES YA NO HE PODIDO ACTUALIZAR COMO QUISIERA: MÁS SEGUIDO. HE ESTADO TRATANDO DE TERMINAR UN PROYECTO QUE PRETENDO PRESENTAR A SANDRA BECERRIL PARA SER EVALUADO PARA PUBLICACIÒN. ES POR ESO QUE YA NO HE TENIDO CHANCE DE ESCRIBIR AQUÌ EN EL ESPACIO Y DE ANTEMANO LES PIDO UNA DISCULPA POR NO ACTUALIZAR SEGUIDO.
Y BUENO, CREO QUE ESO ES TODO. DE MOMENTO ME DESPIDO Y LES DESEO A TODOS UNA FELIZ NAVIDAD Y UN PRÓSPERO AÑO 2007, QUE SE LA PASEN MUY BIEN CON SUS AMIGOS Y FAMILIARES Y QUE TODO LES SALGA BIEN EN EL SIGUIENTE AÑO
NOS VEREMOS PRONTO
CHAUUUU
<<< MARIO >>> December 08 IIIIII
Le había dicho que yo me sentía extraño. Para ser sincero, no sabía en qué sentido me sentía extraño. Sólo, me sentía de tal manera. No puedo explicarlo. Déjeme contarle que, antes de salir a nuestro viaje al campo, yo sentía un terrible dolor de cabeza. De hecho, llevaba días con dicho dolor de cabeza. Era tremendo. Alucinaba, ardía. No podía hablar, no podía pensar, no podía hacer algo. Me dolía bastante la cabeza. El doctor R… me recetó unas cuantas pastillas, después de que me visitara en mi lecho. Me tomé las pastillas recomendadas y, ¡oh sorpresa!, el dolor desapareció unas cuantas horas después. Seguí tomando las pastillas, unas pequeñas pastillas azules, durante días. Y el día de nuestra excursión me tomé la dosis indicada. ¿En verdad lo hice? No, no le miento. Fue una doble dosis, porque me dolía la cabeza más de lo normal y deseaba que se fuera lo más pronto posible. Lo logré. Justo cuando terminábamos de empacar la comida y las sillas, el dolor desapareció. Y si podría decirle un momento cuando comencé a captar lo extraño en mi familia, sería ese; justo después de que el dolor de cabeza desapareciera. Basta del recuerdo antes del mismo recuerdo. Le dije que habíamos pasado por el accidente. Bueno pues algunos kilómetros después presenciamos otro tipo de accidente. En este se involucra al CERESO. Cuando pasamos por ahí comencé a pensar lo que podría pasar si los reos salieran de sus celdas y provocaran un motín. Pensé en esto, como posible material para una novela o algo más corto. Uno de los guardias se durmió en su turno, en plena mañana, y dejó semiabierta una de las celdas. El reo era de los más peligrosos, y en silencio abrió las demás celdas. En menos de cinco minutos ya todos los reos estaban libres, y juntos hicieron un motín contra los guardias. Tomaron las armas y mataron a quienes se les interpusieron, incluyendo a los visitantes y a algunos mismos reos. El líder de los reos se llamaba… no recuerdo el nombre que le puse, pero le apodé el Toro. En fin, este hombre mató a la mayoría de los guardias y él fue quien organizó a todos los reos. De no haber sido por él, nada hubiera sucedido. Y a los visitantes que estaban fuera de las instalaciones, los mandó matar para que no corriera la voz antes de tiempo. Al final el Toro recibió una rociada de balas, que lo dejaron prácticamente desintegrado. ¿Ha visto el periódico recientemente? Los titulares rezan “MOTÍN EN EL CERESO”, otros dicen “MASACRE”. Pero el que me encantó fue el de Tribuna Libre: “UN GUARDIA, POR QUEDARSE DORMIDO, DEJÓ SALIR AL TORO ASESINO”. November 27 Crónica de la Presentación de la Antología "Sueños de Tinta" en AguascalientesBueno pues así es, realizamos la presentación de la antología en la que participé acá en Aguascalientes. En esta antología, si logran conseguirla, encontrarán el texto llamado "Al Borde dela Locura", de mi autoría; tiene incluso un increíble dibujo acerca de él que lo hizo un dibujante profesional de México.
En fin, todo comenzó a las 5:30 am del Viernes 24 de Noviembre, cuando mi despertador me (¡¡vaya!!) despertó. Me dispuse a vestirme: ponerme los calcetines gruesos, una camisa formal-no-formal, y unos zapatos decentes. Estaba a punto de peinarme cuando mi celular recibió un mensaje. El mensaje era muy corto y directo: "Ya llegamos :)". Me peiné y cepillé los dientes lo más deprisa que pude, y subí al coche junto con mi mamá (entiendan, aún no me sueltan el coche). Cruzamos a gran velocidad las calles de la casi desierta ciudad de Aguascalientes, y arribamos a la Central Camionera. Buscamos un lugar cerca de ahí, y bajamos.
Cuando cruzamos la puerta escruté los rostros de las personas que ahí estaban. Posé mi mirada en una mujer pelirroja que estaba cubierta de pies a cabeza por bufanda, chamarra, gabardina. Era Sandra Becerril, y la acompañaban su madre, María Luisa Robledo, y Carlos Serrato, compañero de la Antología. Ya nos esperaban, y entonces nos saludamos. Ellas fueron entonces a comprar los boletos de regreso, pues Sandra se sentía muy mal y quería regresar temprano. (¿Bendita la hora de la presentación?).
En fin, llegamos a mi casa y ahí les ofrecimos un ponche muy rico (jeje). Estuvimos platicando hasta poco antes de la hora de la presentación, por lo que a las 8:30 am íbamos ya en camino al Bachillerato de la Universidad Autónoma de Aguascalientes. Al llegar, nos acomodamos en el presidium después de acomodar la mesa en la que venderían los ejemplares. Y la gente comenzó a entrar al auditorio.
Casi en su totalidad eran alumnos del bachillerato, tanto mis compañeros del salón como los de otros grupos que habían llevado sus maestras de literatura. La mitad del auditorio se llenó. Y entre vitores y aplausos comenzó el maestro Eduardo Alvarado a presentar a los presentadores (¡¡vaya!!). Terminada la presentación de los presentadores, Sandra comenzó a hablar acerca de la antología. Y bueno, después habló Carlos y luego yo. Me eché un discursito que había improvisado, prácticamente, y después habló la Secretaria General de la Universidad. Terminada entonces estaba la presentación. Y ahora, a comprar el libro. De todos los jóvenes que ahí se encontraban, solo tres compraron el libro. Los otro siete que ahí se vendieron fueron comprados por amigos de fuera y familiares. Sólo 10. (quiero recalcar aquí que los chavos de la prepa son unos TACAÑOS, MISEROS, CODOS, LO QUE SEA... 50 pesos no era tanto. Además, les había avisado con mucho tiempo para que pudieran apartar algo de dinero).
En fin, después de la misera compra de libros, nos fuimos a desayunar. Y de ahí fuimos a recorrer las instalaciones de la Feria de San Marcos, lo de afuera de la Catedral, y unos lugarcillos de Ags. Íbamos contra el tiempo, pues el camión de los visitantes salía a la 1:00 pm. Llegamos a la central justo a tiempo. Y nos despedimos.
Y eso fue todo. Aquí están las pocas fotos que mi hermana sacó. Pueden encontrar otras con Tabris
chauuuu
<<< Mario >>> November 16 IIII
Ayer me quedé en que apenas detectaba ciertos elementos extraños en la excursión. Y lo que más me parecía raro, era que yo me sentía extraño. Al llegar a nuestro lugar especial… está bien, se lo describo. Es, o más bien era, un hermoso campo verde, escondido del camino por una muralla de árboles altos y densos. Pareciera como un claro, al pie del cerro. Cerca de ahí hay un riachuelo, producido talvez por las lluvias que había en la región. El riachuelo desemboca unos cuantos cientos de metros después en un estanque de agua tranquila y verde. A veces tomamos ahí el almuerzo, o incluso hemos llegado a acampar a las orillas de dicho estanque. Ese día mientras viajábamos en el coche mis hijos se portaron mal. Gritaban, chillaban, pedían, brincaban en el asiento… todo un horror. Lo que nos tomaba cinco minutos de trayecto, a mí me parecieron horas interminables. Mi esposa iba revisando un manuscrito, que pronto llevaría a editar para la publicación. ¿Cuántas veces le dije que no hiciera eso durante el camino? ¡Me pone de nervios! ¡Verla trabajar, mientras que yo manejo! Se supone que escribimos y planteamos en el mismo tiempo… es una especie de competencia amistosa, usted sabe. Y yo… yo me sentía extraño. Antes de salir de la ciudad presenciamos algo terrible. Había un camión volcado en el camellón, y despedía humo de lo que antes había sido un incendio pequeño. Había dos o tres coches estacionados cerca de él, mientras que otro estaba justo debajo del camión. Había charcos enormes de sangre, y dos ambulancias y tres patrullas. Había mucha gente reunida ahí, mirando el cadáver de seis niños aplastados por el camión. Era su sangre la que formaba los charcos, y sus pedacitos de cráneo y sesos estaban esparcidos por todo el camellón. El conductor del camión sólo tenía, por lo que alcancé ver, un brazo roto. Y lo que me intrigó en ese momento fue cómo había sucedido todo. Respondí a la pregunta cuando pasamos el camión. Del lado contrario, había “caguamas” vacías. Como unas cinco. Eso me dejó claro todo. Sentí pena por esos pobres niños, los padres que habían sobrevivido. Pero sentí odio por el conductor del camión. En mi mente imaginé su muerte: su corazón explotaba y la sangre comenzaba a emanarle por todos los poros del cuerpo, como si se estuviera drenando. Los ojos se le salían de las órbitas y sus tripas abrían el vientre y salían al aire libre. ¿Recuerda, doctor, la foto que le mostraron los forenses? Fue exactamente lo que le pasó al conductor, una media hora después de que pasamos por ahí. November 11 II
¿Quiere que le diga toda la verdad? ¿En verdad quiere saber toda la verdad? ¿Se cree usted capaz de manejar la verdad? Una última pregunta: ¿Me creerá? Nadie me ha creído lo que le relataré. Piensan que estoy loco. Pero yo sé que no lo estoy. ¿Quiere la verdad? ¡Pues aquí está la verdad! Durante la excursión familiar al campo, me percaté de ciertas cosas que me resultaron extrañas a primera vista. Primero, el campo estaba en extremo seco, a pesar de que había llovido por más de unas semanas seguidas. Segundo, mi familia parecía estar incómoda con dicho viaje, a pesar de que normalmente gozan de nuestros escapes de la ciudad al campo. Y tercero, yo me sentía extraño. Pero más que un campo, era la Sierra Fría. Solemos decirle de tal manera porque… ¿sabe? No sé, en verdad, porqué le decimos… no, le decíamos así. No lo recuerdo, y puedo asegurarle que no lo recordaré. En fin. Tenemos un lugar especial allí. Cruzando hacia Calvillo, detrás de los cerros, hay un pequeño campo al que nadie más va. No sé porqué es secreto, pero nosotros disfrutamos de la privacidad que ese lugar nos brinda, así como también la tranquilidad. Ahí me he logrado inspirar en mis mejores versos y escritos, que estoy seguro usted ya conoce. ¡Con que resulta que usted es un fan mío! ¡Qué bien! En ese mismo lugar mi esposa ha tejido las mejores tramas que he conocido. Es también escritora, una de las cualidades de las que me enamoré hace años. ¡Con que también la ha leído a ella! ¡Qué bien! También ahí mis dos pequeños hijos han inventado uno que otro juego, famosos entre sus amiguitos. Me temo que esas creaciones no las conozca, porque sólo los niños han jugado esos… ¡Ah! ¡Sus hijos! ¿Los conocen? Bueno, con que eso explica todo. ¿Y ellos también saben cómo fue que murieron mis hijos? November 02 El TelevisorEL TELEVISOR Mario Gámez Rosales
Fue durante una noche de verano, cuando la luna blanca iluminaba con su luz el mundo, que todo sucedió. Había comenzado con el simple hecho de prender la televisión, y terminó en la desgracia. Había llegado tarde del trabajo y mi esposa me esperaba acostada en la cama, recargada su espalda en la cabecera. Al parecer miraba la televisión, pero cuando entré a la habitación y miré el aparato me di cuenta de que estaba apagado. Hice caso omiso de tal hecho, y preferí dirigirme al armario para despojarme de mis ropas. Tomé mi pijama que tanto me abrigaba durante los inviernos, y que a la vez me refrescaba en las noches de verano. No me puse playera, como de costumbre, y me acosté en la cama. Prendí el televisor, y todo comenzó. El televisor oscuro. Escuché un grito, o al menos eso fue lo que pensé en ese momento, y yo grité para sofocar al otro. Hubo silencio, después, y miré a mi esposa. Seguía mirando al televisor. Sus párpados estaban caídos y su boca entreabierta. Vestía su pijama rosada. ¡Aquella pijama con la que tantas veces revivimos el amor! ¡Sí, esa misma! Miré el televisor y, cuando estaba a punto de cambiar el canal con el control remoto, otro grito resonó. No grité esta vez, sino que subí el volumen del televisor. Aún no me fijaba en lo que se transmitía. La televisión estaba oscura. Me levanté de la cama y entré al baño contiguo, donde hice mis necesidades y me lavé el rostro. Sentía el agua muy curiosa, como más “pesada”. No le di importancia. Pero a lo que sí le di importancia fue al hecho de que no escuchaba la televisión. Bien recordaba que había subido el volumen. Pero ahora que recuerdo bien, al momento de subir el volumen no escuché nada. Ignoré tal hecho, así como también traté de ignorar los gritos que sonaron. Cerré los ojos, y me tapé los oídos. «Quizás es sólo mi imaginación, y nada más», me dije. ¡Desgracia! Cuando abrí los ojos no pude ver con claridad. Una cortina roja me cubría las pupilas de los ojos. Fui directo al lavabo y abrí la llave del agua. Antes de lavarme, con una toalla me sequé los ojos. La toalla alguna vez fue blanca, pero en ese momento se tiñó de un color escarlata. Grité desesperado, y una imagen se me vino a la mente. Era (el cuchillo) mi consultorio. Pero no podría recordar muy bien lo que había hecho cuando llegué. Recuerdo a mis primeros pacientes, Don Pancho y Doña Julia, pero recuerdo que estaban enojados conmigo porque… ¿Por qué? ¿Por qué estaban enojados conmigo? Creo que fue porque (usé el cuchillo) llegué tarde a dar la consulta. Pero… no… no puede ser. Siempre llego puntual. ¿Por qué se habrán enojado? ¿Y por qué demonios estaba recordando eso mientras la sangre fluía en el lavabo y se iba después por el desagüe? ¿Qué me estaba pasando? ¿Qué me está pasando? ¡Sí ahora lo recuerdo bien! ¡Recuerdo por qué llegué tarde! En la madrugada mi esposa no podía dormir, y entonces se rindió y prendió el televisor. ¡Miles de veces le dije que no hiciera eso, porque yo necesitaba dormir plenamente! Pero lo hizo, de todos modos, y el televisor transmitía esos “infomerciales” tontos acerca de máquinas y pastillas milagrosas que hacen que bajes de peso sin hacer ejercicio ni dejar de comer como un cerdo hijo de… ¡Ah! ¡Lo recuerdo! Me levanté furioso, y sin pensarlo tomé (el cuchillo, te lo dije hermano) el cuchillo que había usado antes. ¿Para qué demonios lo había usado? No lo recuerdo. Pero en ese instante lo usé para abrirle la panza a mi esposa. Sólo eso. Y nada más que eso. (la verdad, y nada más que la verdad) Ahora lo recuerdo todo. Llegué tarde al consultorio porque había matado a mi esposa, y me había tardado en el baño tratando de quitarme con la toalla la sangre que me cubría. El cuchillo ahí lo dejé, junto al control remoto. Y entonces en ese momento que me di cuenta y que recordaba lo que había sucedido en la madrugada, por fin entendí porqué no escuchaba más que los gritos y no la televisión. Salí de inmediato del baño y me encontré con la oscura televisión. Transmitía, seguía transmitiendo una y otra vez, el momento en el que le abría la panza a mi esposa. Y peor aún, el momento más reciente del día, cuando yo me enterré el mismo cuchillo por la desesperación de ver el oscuro televisor. El oscuro televisor que no había funcionado desde aquella mañana, pues lo había desconectado. El oscuro televisor que transmitía el reflejo de lo sucedido, una y otra vez. El oscuro televisor que reflejó mi asesinato y mi suicidio.
Fue durante una noche de verano, cuando la luna blanca iluminaba con su luz el mundo, que todo sucedió. Había comenzado con el simple hecho de prender la televisión, y terminó en la desgracia… October 21 Las DúnnildasDespués de más de un año de trabajo hoy porfin pude escribir la frase final de mi libro. El primero de la Saga de Las Dúnnildas: El Humano y el Körgw.
¡¡¡¡LO LOGRÉ!!!!
Solo falta publicarlo..........
15 de Abril del 2005 - 21 de Octubre del 2006
Aguascalientes, Ags. October 03 Rata con AlasRATA CON ALAS MARIO GÁMEZ ROSALES
El niño miraba a la paloma caminar, revolotear alrededor de un pedazo de pan o huir de otros niños. La paloma era muy hermosa, y el niño la miraba estupefacto. Sus movimientos eran suaves y lentos, como si fuera un pavo real. Picaba por ahí, por allí, por acá, por allá… caminaba a veces en círculos, como trazando un camino de hormigas. A veces la paloma podía describir con sus movimientos cómo trabajaban los mineros. Y otras veces podía describir el movimiento de los aviones, extendiendo sus alas y corriendo al tiempo que hacía ese sonido tan peculiar: gu... gu… gu… Pero entonces, algo cubrió a la paloma y sacó de la imaginación al niño. Un vagabundo había caído al suelo, y estaba ahora de espaldas al niño. Cuando se dio vuelta, el niño comenzó a llorar y salió corriendo del lugar. El vagabundo había capturado a la paloma, la había mordido y ésta aún trataba de zafarse. El vagabundo la levantó en lo alto, y de la herida que con sus dientes le provocó salió un chorro de sangre. La bebió, y lentamente comenzó a comerse a la pequeña “rata con alas”. Todo un festín. September 12 ETERNA CONCIENCIAETERNA CONCIENCIA
Mario Gámez Rosales
Con pensamientos idos,
la vista perdida y mi mente en otro mundo;
sentado en mi habitual sillón
reflexionaba los más escondidos rincones de mi imaginación,
cuando un ligero golpe escuché,
y juraría que mi nombre había sido pronunciado.
Me levanté sin muchas ganas,
con el panquecillo aún en el estómago
y los ojos ardiendo por el sueño;
me dirigí a la puerta y pensé en abrirla,
sin embargo me detuve y medité lo que sucedía:
“Alguien a mi puerta llama, seguro,
pero, ¿qué querría a mitad de la noche?
Pero claro como el agua, un leve golpe sordo
cubrió el pasillo que afuera se encontraba.
Abrí la puerta raudo y sólo me encontré con la oscuridad,
la oscuridad y un silencio mortal.
“¡Quienquiera que seas déjame en paz!”, exclamé,
“pues turbados mis pensamientos están y dormido desearía estar”.
Cerré la puerta al instante y al sillón regresé,
mis pensamientos me invadieron como un torrente
y no pude escapar de lo que arrastraban:
¡Ah, mi querida María!
¡Dulce y fría María!
¿Qué daño te hice yo para que me dejaras?
De pronto mis pensamientos se esfumaron
cuando escuché unos pasos fuera de mi habitación;
creí que sería el viento, pues noche tormentosa era aquella
y ruidos extraños se producían;
pero ese ruido, seguro estaba,
eran pasos que a mi puerta amenazaban.
“¡Quienquiera que seas déjame en paz!”, exclamé,
“pues turbados son mis pensamientos
al escucharte caminar. Y mi mente y mis ojos
cansados están.
Deseo dormir cuando menos hoy
pues por semanas un terrible insomnio me amenaza”.
Los pasos no se escucharon más,
y la imagen viva de María vino a mi mente.
¡Oh, María! ¿Qué infortunio cayó en nuestro amor,
que me dejaste aquí solo y afligido?
¿Acaso no nos prometimos amor?
¿Acaso fue odio lo que nos separó?
Mis preguntas fueron invadidas por un golpeteo,
un golpeteo que la ventaba azotaba.
Ligero y terriblemente molesto, era el golpeteo.
A la ventana me acerqué
y oscuridad densa sólo se veía;
oscuridad y un silencio mortal.
Por tercera vez a mi sillón regresé.
Un grande y viejo libro
apostado a mi derecha se hallaba;
lo tomé y abrí sus viejas hojas,
y como si tuviera vida propia,
un murmullo dejó escapar.
Espantado lo cerré de un golpe,
pues el murmullo que dejó escapar,
estoy seguro de ello,
no era otro más que mi nombre.
Sin embargo, cuando abrí nuevamente el libro
sólo letras viejas había y un silencio mortal.
Mi nombre invadió esta vez mis pensamientos,
como un velo invisible cubrió mis ojos,
y el ardor en ellos se hizo más intenso:
el sueño por fin me estaba alcanzando.
Pero cuando cerré mis ojos, casi de inmediato los tuve que abrir,
pues un golpe fuerte en mi puerta cayó y yo me desperté.
“¡Quienquiera que seas, déjame en paz!”, exclamé,
“pues mi sueño por fin ha regresado,
y tu golpe en la puerta me ha despertado.
Apiádate de mi pobre alma
y en el mundo de los sueños, oh por favor, deja que entre tranquila”.
Callé y no hubo más que silencio por un momento.
Sin embargo otro golpe de igual magnitud resonó,
me estremecí en mi sillón
y miré aterrado la entrada a mi habitación.
Cerrada estaba y nada podía entrar,
pero un tercer golpe azotóla y estremecióla.
“Es mi imaginación”, me dije, “Sólo la puerta y un silencio mortal”.
Pero la puerta de pronto se abrió,
y un vapor blanco mi habitación invadió;
escalofríos recorrieron mi espalda
y sólo pude cerrar mis temerosos ojos.
Pensaba a mis interiores: “Estoy soñando.
Es un sueño y hay un silencio mortal”.
El vapor pronto me rodeó,
y mi vista, cuando mis ojos abría, se nubló.
Miles de murmullos resonaban.
Miles de murmullos me atormentaban.
Miles de murmullos que mi mente invadían,
y con gran hipocresía mi nombre recitaban.
Mis oídos me cubrí,
queriendo escapar de tal tormento;
el libro se abrió y un terrible grito ahogó:
“Amor mío, amor mío”, decía el grito,
“¿Acaso no me amas? ¿Acaso me has olvidado?
¿O es que acaso has olvidado tu pecado?”
“Déjame en paz, espíritu impío”, imploré,
“pues a mi amada María jamás la olvidaría.
Tú no tienes derecho de estar aquí.
¡Vete al abismo del que vienes
y a mi habitación nunca regreses,
pues eres el responsable de mi terrible insomnio”.
“¡Vete de aquí!”, fue lo último que exclamé.
El espíritu se esfumó de pronto,
y mi habitación a la normalidad regresó.
La puerta se había cerrado
y las pocas velas estaban encendidas.
Eso, y un silencio mortal.
Sin embargo el espíritu regresó la noche siguiente,
preguntándome si la había olvidado,
preguntándome si mi pecado había olvidado.
Y la siguiente noche también volvió,
así como las demás noches.
Y siempre se iba, dejando un silencio mortal.
¡Oh, María! ¡Mi recuerdo, María!
Jamás, por nada en el mundo, te olvidaría.
Jamás olvidaría la primera noche,
cuando mareado y viendo doble a casa regresé.
Jamás olvidaría cuando empuñé el arma.
Jamás olvidaría mi pecado: Matarte a ti, mi amada.
Y el espíritu siempre, cada noche regresó;
a recordarme si aún la amaba,
si aún mi pecado recordaba.
Y seguirá regresando a mi habitación,
azotando mi puerta e invadiendo mi habitación;
y siempre alejándose, dejando un silencio mortal September 01 Capítulo 3CAPÍTULO 3
Vagó por los corredores blancos sin saber exactamente a dónde se dirigía. Se sentía aturdido, y confuso sobre todo. Había puertas por todos lados, y los tragaluces en el techo inspiraban algo de miedo a Paco porque parecía como si albergaran algún poder oculto que en cualquier momento podrían explotar y así aparecerían criaturas horripilantes… ¡Diablos! ¿Qué me está pasando? ¿Por qué estoy pensando así? Vagó unos cuantos minutos más por el corredor, cuando dobló en una esquina y a lo lejos vio una puerta de las que se abrían de par en par. Se quedó mirándola un tiempo, y entonces su mente dio una revolución. ¡Dios! ¿Acaso fue la comida? ¿Pienso de manera tétrica a causa de la comida? ¿O será porque no pertenezco a éste lugar? Su concentración se perdió, cuando de pronto miró hacia esa puerta del final del corredor y ahí se encontraba el Padre Salvador, con las manos en la espalda y mirándolo fijamente, emitiendo una sonrisa maquiavélica. Un terror se apoderó de pronto de Paco y lo único que se le vino a la mente para hacer fue correr en dirección contraria al Padre. Así lo hizo, sin embargo se topó con dos gorilas vestidos de blanco que lo sujetaron de los brazos, lo hicieron girar y lo inmovilizaron. El Padre Salvador se acercó lentamente, sin dejar de emitir su sonrisa, y alargó su mano derecha hacia el rostro de Paco. Una jeringa que contenía un líquido azul desconocido esperaba ser inyectado en el cuello del muchacho. Paco se resistió, pero la aguja penetró su cuello lentamente y sintió cómo el líquido corría a través de sus venas y lo paralizaba por completo. Acto seguido, sintió un pesar en sus ojos. Pero entonces la puerta por la que suponía que había entrado el Padre Salvador se abrió de un golpe y un joven vestido sólo con una bata blanca corría desesperadamente, huyendo de tres hombres que también vestían batas pero que llevaban jeringas con un líquido rojo. -¡Auxilio! ¡Ayúdenme!- gritaba el muchacho. Los dos gorilas que habían detenido a Paco corrieron e interceptaron al muchacho. Le inyectaron las tres dosis de ése líquido rojo, y Paco de pronto sintió una punzada de dolor en su cabeza y en el estómago. Y no vio ni oyó nada más. August 22 Consecuencia del BesoCONSECUENCIA DEL BESO Mario Gámez Rosales
La princesa al bosque se adentró y al sapo del pantano besó; pero no fue un príncipe azul lo que resultó sino que el sapo, de un bocado, se la comió.
PD. Sofia: aquí se respetan todo tipo de opiniones, pero creo que la advertencia es muy clara al decir que la política aquí no tiene nada que ver. De manera muy atenta, te pido que si vas a contestarme o lo que sea mándame un correo porque como he dicho, hablar de política aquí es una falta de respeto hacia mi trabajo y mi persona. Gracias. <<< Mario >>> |
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